Introducción:

Veinte poemas de amor y una canción desesperada es una de las obras más célebres del poeta chileno Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura en 1971. Escrito en 1924, pertenece al primer ciclo de su trayectoria poética, el que se considera el más modernista. (Los críticos suelen dividir su obra poética en cinco ciclos.)

Como sugiere el título de este segundo libro, en casi todos los poemas la voz lírica se dirige a una mujer.

Temas:

El tema principal es el amor que se manifiesta de múltiples formas.

Amor erótico. El cuerpo de la mujer, la unión carnal y el deseo aparecen en numerosos poemas, incluyendo el primero que se puede apreciar en este fragmento:

Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Melancolía. La tristeza y los recuerdos de un amor pasado o ausente son frecuentes en esta obra. Un ejemplo se halla en el poema 10:

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Y también aparece la melancolía en el famosísimo poema 20 como se puede ver en estos fragmentos:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
[…]
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Amor y naturaleza. Neruda compara al cuerpo femenino con elementos del mundo natural, como en estos versos de poema 8:

Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.

Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de
sombra.

Y en estos del poema 9:

Aguas arriba, en medio de las olas externas,
tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos
como un pez infinitamente pegado a mi alma
rápido y lento en la energía subceleste.

Desesperación. El tema le da el nombre al último poema del libro, “La canción desesperada”. Estos versos lo ejemplifican:

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
[…]
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!

La canción termina con este amargo desenlace:

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá del todo. Ah más allá de todo.

Es la hora de partir. Oh abandonado!

Estilo:

La intensidad emotiva es tal vez la característica que más destaca del estilo nerudiano en esta obra. Para lograrla, hace uso amplio de metáforas y símiles, especialmente del mundo natural, como por ejemplo: “Eres como la noche, callada y constelada” (poema 15); “Y estás como quejándote, mariposa en arrullo” (poema 15); y “mi corazón se cierra como una flora noctura” (poema 13).

Abundan las imágenes, simboloss y la adjetivación: “Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, / avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos” (poema 14) y “Pálido y amarrado a mi agua devorante / cruzo en el agrio olor del clima descubierto, / aún vestido de gris y sonidos amargos, / y una cimera triste de abandonada espuma” (poema 9).

El vocabulario no es difícil. Emplea varios metros, pero el que más usa es el alejandrino, que también es uno de los preferidos de los modernistas. A veces aparece el verso libre combinado con alejandrinos y endecasílabos, entre otros. Predomina la rima asonante.

Poema 5


Para que tú me oigas 

mis palabras 
se adelgazan a veces 
como las huellas de las gaviotas en las playas. 



Collar, cascabel ebrio 
para tus manos suaves como las uvas. 



Y las miro lejanas mis palabras. 
Más que mías son tuyas. 
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras



Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento. 



Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas. 



Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, 
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza. 



Ahora quiero que digan lo que quiero decirte 
para que tú las oigas como quiero que me oigas.



El viento de la angustia aún las suele arrastrar. 
Huracanes de sueños aún a veces las tumban. 



Escuchas otras voces en mi voz dolorida. 
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. 
Amame, compañera. No me abandones. Sígueme. 
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. 



Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas. 



Voy haciendo de todas un collar infinito 


para tus blancas manos, suaves como las uvas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario